- ¿Por qué hay un notable hermetismo en Zárate frente a este hecho? Resulta difícil encontrar a alguien que hable.
-Soy de Zárate, vivo en CABA y trabajo en Zárate desde 1993. Actualmente voy a Zárate, trabajo y tomo distancia, lo cual es bueno a la hora del análisis de cada paciente, pero desde lo social se ve una situación muy distinta. Desde hace muchos años que en Zárate me llama la atención el tema de las adicciones en los jóvenes. He dado muchas charlas a través del Colegio de Psicólogos Distrito V, a lo largo de todos estos años. La vida de Zárate en el verano es una vida de playa. Se encuentra a orillas de río Paraná de las Palmas y la gente va ahí, disfruta en los clubes zonales y se divierte. Como si se estuviese de vacaciones, y esto es de diciembre a marzo. Los boliches en esta época están abiertos durante más días de la semana. Como en todo pueblo, hay una inmunidad social, un silenciamiento de ciertas situaciones. Es una sociedad muy cerrada y clasista, pero no toda.
La vida de un pueblo, la mayoría de las veces, es continuar en la adultez con los amigos de la infancia y de la adolescencia. Eso hace que se armen círculos cerrados con sus propios códigos. Algo a destacar son los diferentes “bandos”; acá son los rugbiers versus los marrones, pero no de piel sino los que son distintos a ellos. Los marrones, por ejemplo, son los que juegan al fútbol o a cualquier otro deporte. Serían los chetos versus los marrones. De este lugar emergen estos chicos, esa camaradería vista como elite los hace ser como son. Los marrones son toda esa gente que no practica rugby, entonces ahí ellos se creen superiores.
-Con respecto al crimen ocurrido el 18 de enero de 2020 en Villa Gesell. ¿Qué cree que ocurrió esa noche?
-Sabemos que por un empujón cayó alcohol en una camisa, luego hubo una provocación e inmediatamente después la pelea. Es decir, se elige a alguien, en general diferente, y se lleva a cabo la planificación de la acción. Este grupo elige un blanco adecuado y actúa.
-¿Puede ser que este acto agresivo haya sido estimulado por algún tipo de rechazo social o falta de afectividad emocional?
-Sí, claro. Acá están las dos cosas. A partir de la familia uno va constituyendo a un hijo o hija en un sujeto que en la medida que esa persona crece, ingresa al colegio, se va nutriendo el niño en el medio social y familiar. Entonces hay un trasfondo doble, los padres se convierten en transmisores de lo social. Y el efecto de lo social es clave, y a cada uno nos afecta de distinta manera. En este caso, el lazo social se construye, yo no puedo golpear a alguien hasta matarlo. Ellos rompieron el pacto social. El pacto social es decir, puedo hasta determinado punto, no puedo todo.
-La violencia ha existido siempre y está provocada por pulsiones que en este caso deberíamos separar, pulsiones de vida y pulsiones de muerte. ¿Puede ser que esa pulsión tenga un libre cauce?
-Por supuesto. En primer lugar en todos está esa doble pulsión de vida y de muerte. Pero con límites. Entonces una cosa es decir, a Fulano lo mataría, y otra cosa es matarlo. En todas las personas hay un límite porque hay una ley que les funciona, pero en algunas personas no siempre ocurre y pasa lo que pasa. En algunos sujetos algo se encuentra amarrado a ese límite, en otros queda libre.
-¿Este tipo de violencia está bajo el dominio del narcisismo?
-El narcisismo enmarca a todo tipo de violencia porque hace al encuentro con el otro, el semejante en términos del ajeno, extranjero a mí. La reacción frente al otro es el vínculo entre el narcisismo y la agresión. Pero no todo sujeto “narcisista” es agresivo. El detonante para ser agresivo es la dificultad para poner un límite a los sentimientos que me “provoca” el otro y qué ideales masculinos tiene la persona como punto de referencia. Opera en el plano de lo imaginario, pero para que algo frene en el sujeto debe actuar el plano de la ley del “no todo es posible”. Ahí es donde se produce un quiebre en el sujeto y emerge la agresividad como mecanismo de falla.
-En los actos de los niños hay una responsabilidad de los padres. ¿Cómo intervienen los padres, la familia, la casa, frente a la juventud ante estos hechos?
-Siempre dependerá de la conciencia del padre, de cómo es su psiquismo. Uno de ellos dijo: “Mi hijo solo filmó”. Hay un acto de desconocimiento ahí del hecho que aconteció. Hay una exclusión del hecho. Por supuesto que aparece un desdoblamiento de la persona que llevó a cabo el acto, del que fui al que ahora soy. ¿Pero no hay una responsabilidad de mis actos? ¿Cómo colocar ahí mi responsabilidad? Muy por el contrario, en este caso aparece un acto de soberbia. Espero que se llegue a la justicia y a la verdad, que estos jóvenes entiendan que los actos no pasan desapercibidos en la vida y que tienen consecuencias. Se conoce que estas personas habían tenido problemas en la ciudad en la que viven y los hechos quedaron en la nada. Los problemas adentro y afuera del boliche eran muy comunes hasta antes de este crimen en Zárate. Los excesos de alcohol, las drogas. Acá está claro que cualquier signo del otro que no me guste, yo lo elijo como mi blanco y lo ataco. Porque sí y con total impunidad. Además con cuotas de racismo, segregación, desconocimiento de las diferencias.
-¿Qué pasa con el observador de esta golpiza, el que filma? ¿Es un simple observador o también forma parte indirectamente del crimen? Es decir, el que filma incrementa esta situación y además le da un carácter de espectáculo.
- Ellos piensan que filmando no estaban haciendo nada malo, y no es así. Y también hay que prestar atención a los roles de cada uno, ese semicírculo que formaron para que nadie se acercara a Fernando. Creo que no había premeditación, sino que entre ellos había un código interno, se cubrían. Esto tiene que ver con la práctica de un juego. Filmaban como si fuese un trofeo, algo que después iban a poder ver entre todos para divertirse. Fernando en este caso es tratado como un objeto. Es algo que a ellos los convierte en una manada, solo para hacer daño. Al fin de cuentas, ¿cómo nombrarlos? Jóvenes, adolescentes, sin otorgarles una significación simpática o tierna. Se los denomina los rugbiers para así endilgarles que son matones, descalificando o denigrando, culpabilizando a todos los que practican ese deporte. Pero en realidad son adolescentes, chicos, jóvenes criminales que asesinaron a otro y es necesario que la justicia de su veredicto.
-¿Se puede decir que hay una pobreza subjetiva en este caso, es decir una pobreza que no pasa por los bienes económicos?
-Claramente hay una pobreza subjetiva y una no mirada de los padres además. En el sentido del desconocimiento de ese hijo, que lo arrojan a una pobreza subjetiva. Por eso digo: ¿Cómo denominarlos ante este hecho aberrante? Es realmente algo muy difícil de definir.
-Hay un hijo que ya no está, una vida que se perdió. ¿Cuál puede llegar a ser la cura para esto que nos pasó como sociedad? ¿Qué deberíamos aprender de esto?
-Creo que es una pregunta a la que siempre tenemos que volver. Por ejemplo, en este momento hay una violencia intrafamiliar cada vez más grande y complicada y cada vez hay más casos de femicidio. La prevención es como un arma de doble filo. Por un lado informo pero por otro lado está el que quiere escuchar y el que no. La Argentina es el país de Sudamérica con más psicoanalistas per cápita y sin embargo los cambios no se ven. Me parece que hay un montón de cuestiones. Todos estamos inmersos en una sociedad bajo un sistema que está en decadencia. Sin embargo seguimos teniendo planes sociales, y cada vez más, por dinero, no por otra cosa. En un país en el que hay poca credibilidad político-social que recae en lo personal, estos hechos lamentablemente van a seguir ocurriendo. Y acá se juntan una inestabilidad en lo social, en lo humano, en lo laboral, en la ausencia de reconocimiento…Hay algo que está fallando. La autoridad está cuestionada, desde la familia hasta el Estado. Hay una manipulación del ser humano muy grande; la falta de valores hace estragos. ¿Pero qué considero que es para mí el otro, mi par, el semejante? Es un trabajo para cada familia y para la sociedad entera.
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PERFIL
Teresa Pantaleo nació en Zárate, provincia de Buenos Aires. Es licenciada en psicología de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente trabaja como psicoanalista y supervisora clínica tanto en Buenos Aires como en Zárate.